Corrientes


san juan de poriahu


Argentine wet lands

 

Confiar e ir


 

Hay viajes que se planean durante meses.

Y hay otros que nacen de un

"bueno, vamos".

Este fue de esos.

 

Semana Santa. Tres amigas. Cero organización y muchas ganas de escapar de Buenos Aires.

Yo tenía solamente un nombre que me habían pasado: Marcos. y “es el mejor lugar para conocer los Esteros.”


Eso fue todo lo que necesitamos para decidir ir.


Agarramos el auto y pusimos “Mercedes, Corrientes” en Google Maps porque parecía cerca de los Esteros. No investigamos mucho. Reservamos un Airbnb ahí y listo.


Llegamos a Mercedes a las doce de la noche. Pueblo tranquilo, calles vacías, nosotras completamente aceleradas después de horas de ruta. El plan era simple: dormir unas horas y seguir viaje temprano.


Claramente no pasó.


Apenas llegamos aparecieron unos chicos afuera del Airbnb. Les hablamos y nos invitaron a un bar.


Les dijimos que no.

Al final fuimos igual.


Terminamos de after a las seis de la mañana.

A las ocho teníamos que estar manejando.


Mientras tanto, los mismos chicos que nos habían convencido de salir nos decían que estábamos locas por ir hasta ahí sin saber nada: que los caminos eran imposibles, que íbamos a quedar encajadas, que no había señal.


“¿Pero ustedes saben a dónde están yendo? ¿Por qué van?”


No teníamos idea.

Y creo que eso hizo todo mejor.


Dos horas después estábamos entrando por un camino de tierra interminable, rodeadas de pastizales y ese silencio raro que tienen los lugares donde la naturaleza todavía manda.


Y los caminos… estaban perfectos.


Llegamos a una tranquera. Eso era todo. Ni cartel, ni recepción, ni nada. Nos miramos.

Seguimos.


“Bueno… será acá.”


A veces los mejores viajes empiezan así: sin saber bien a dónde vas, abriendo una tranquera y confiando apareciendo en un campo perdido en el corazón de los esteros como si fuese lo más normal del mundo.


Al rato apareció Marcos.


Impecable. De esos señores de campo de antes, elegante sin esfuerzo, que hablan lento porque realmente saben cosas. Lo primero que hizo fue sorprenderse de que hubiéramos llegado tres chicas así, casi sin preguntar nada.


Y tenía razón.


Desde el segundo que llegás entendés que no estás entrando a un hotel.

Estás entrando a la casa de alguien.


La experiencia en lo de Marcos se parece más a visitar a tu abuelo de campo, si tu abuelo supiera todo sobre naturaleza, política, historia argentina, aves, animales y parientes tuyos que ni vos conoces.


Se come cuando suena una campana.

Literal.


Entre comida y comida pasan cosas como irte en bote a pescar pirañas, ver yacarés por todos lados, cruzarte carpinchos como si fueran hormigas, escuchar pájaros que no conocías, ver ciervos, monos, y entender que en Iberá la naturaleza no está “ahí al lado”.


Está completamente viva alrededor tuyo.


Los yacarés empiezan dando miedo y terminan dándote ternura. Son como perros flotando al sol.

Las pirañas parecen directamente una joda con dientes.

Y si nunca pescaste en tu vida, este es el lugar ideal para sentirte profesional: tirás cualquier cosa al agua y en dos segundos pica una palometa desesperada.


Nos subimos a la caja de la camioneta de Marcos (mood safari)  a mirar con binoculares, que él llama "prismáticos", los ciervos del pantano. Tratando de seguir su explicación con entusiasmo y lograr enfocar al mismo tiempo.


Todo el día pasa algo. Y al mismo tiempo el tiempo se vuelve lento.


No hay apuro.

No hay señal casi.

Y justamente por eso conectás con todo.


Con las conversaciones largas en la mesa. Con los debates sobre historia y política que arrancan solos y el soundtrack interminable de Marcos hablando sin parar. Con el sonido de los pájaros. Con mirar el cielo sin pensar en otra cosa.


El lujo ahí no tiene nada que ver con lo ostentoso.


Es comer increíble después de pasar horas afuera.

Es dormir profundo en el medio del campo.

Es escuchar historias que a veces ni entendés del todo pero igual te quedás escuchando.

Es desconectarte de verdad.


Los Esteros del Iberá no son un viaje para correr.


Son un lugar para quedarse tres noches, bajar el ritmo y dejarse ordenar por la naturaleza sin que te des cuenta.


Y también son un recordatorio de que los mejores lugares aparecen cuando uno deja de querer controlar tanto todo y simplemente fluye.


San Juan de Poriahú · Esteros del Iberá · Corrientes


Contacto: Marcos García Rams.